Cuando explotamos emocionalmente

Diariamente tratamos de seguir una vida medianamente tranquila, fuera del estrés y de la ansiedad, y al menos tratamos a su vez de mejorarla alejándonos de conflictos o problemas emocionales que puedan perjudicar nuestra propia estabilidad psicológica.

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Pero hay veces que, por diferentes motivos, no podemos prevenir ni evitar la aparición de las emociones negativas, aunque sí podemos conseguir minimizar los diferentes efectos perjudiciales que éstos pueden tener en nuestr estabilidad emocional.

Para que esto sea así se hace preciso sentir qué emociones negativas tenemos, observarlas y expresarlas exacta y precisamente igual que las positivas, mediante diferentes canales o estrategias que puedan ayudar su integración.

Por ejemplo una determinada vivencia emocional puede resultar disfuncional por defecto (inhibición sistemática) como por exceso (una explosión desmesurada), de la misma forma que el punto de equilibrio no es igual ni el mismo para todos.

No obstante, cada persona puede ser capaz de identificar el tiempo cerebral que necesita individualmente para recuperar su estado psicológicamente positivo u óptimo, en especial después de una explosión emocional.

Consiste en un trabajo individual de cada cual, ya que cada persona conoce las diferentes estrategias de regulación mucho más efectivas dependiendo de cada situación, para tratar de restablecer e incrementar el bienestar.

Una buena forma de ayudarnos es la de pensar que esas explosiones emocionales pueden servir como forma para crecer emocionalmente, para descubrir qué nos ha hecho “estallar” y nos ha provocado ese ataque negativo, y potenciar luego las diversas capacidades personales que nos ayudan a encontrar nuevamente la paz interior.

Más información | Encontrar tu paz interior

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