El enamoramiento y madurez afectiva

[adrotate group=”7″]

Para que surja el enamoramiento, la persona ha de ser capaz de placer; y también ha de ser capaz de afecto. Su madurez afectiva influye en su experiencia amorosa y, por lo tanto, le permite entablar una verdadera relación interpersonal con alguien, y vivir el abandono sexual como una apertura de todo su ser en presencia de aquella persona a quien ama.

El dinamismo afectivo se traduce por la expresión “me siento a gusto contigo”. La expresión traduce un sentimiento de confort psicológico en presencia de alguien hacia quien experimenta sentimientos de simpatía, de estima, de ternura, de calor, de dulzura, o de confianza.

Una vez enamorada, la persona sigue cultivando su capacidad de afecto; incluso es probable que su registro afectivo se amplíe y que de ello se beneficie un número creciente de personas. Pero, de todas sus experiencias afectivas, ninguna alcanza la intensidad de la que vive en presencia de la persona de la que se está enamorado.

El vínculo psicológico que se crea en la experiencia del enamoramiento adopta la forma de la exclusividad, que se traduce en la expresión “es contigo con quien me encuentro a gusto”. La expresión no es completamente exacta, ya que toda persona puede también sentirse a gusto en presencia de sus amigos, pero aquí se subraya el carácter exclusivo de la vinculación afectiva tal como la vive con esa persona de la que se siente enamorado.

La exclusividad afectiva explica también por qué una relación amorosa no puede desarrollarse a distancia o sin el tú a tú prolongado. Estando como están en el centro de esta relación amorosa la dimensión física y la capacidad de placer, dos personas no pueden seguir enamorados si no se conceden mutuamente tiempo para estar juntos o si las circunstancias les separan durante un tiempo excesivo.

Imagen: Flickr-Autor: Phil Moore

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Recent Posts