El insulto no verbal

El lenguaje corporal está siempre presente, no nos podemos deshacer de él, y así como puede expresar amor puede transmitir sentimientos opuestos a este.

Así como una mirada atenta puede demostrar interés, el evitarla adrede es un signo de indiferencia que se usa con fines insultantes.

En realidad, es sumamente fácil insultar a una persona a través del lenguaje corporal. Cualquier acción puede considerarse insultante si se hace fuera de su contexto normal.

Hay distintas señales que se identifican con facilidad, que trascienden fronteras, y que son consideradas insultantes. Entre ellas están las señales de desinterés: ignorar a alguien reduciendo ligeramente la reacción amistosa esperada, no mirar a los ojos o volver deliberadamente la cabeza; las señales de aburrimiento mediante un falso bostezo, suspirar hondo, la mirada perdida o el repetido examen del reloj. 

Incluso hay individuos que se sienten superiores en todo momento,  y lo demuestran en su postura: aparecen constantemente como lejanos, sarcásticos, cínicos, despectivos, mostrando una expresión de mofa o con la nariz arrugada como si sintieran un mal olor, y esto se percibe sin dificultades, su posición se interpreta como de total arrogancia.

Hay gente que insulta sin darse cuenta, simplemente porque son personas muy sinceras, lo que es mu valorable,  y les cuesta disimular lo que sienten. Otros, dueños de mentes más sofisticadas y perversas, conscientemente manejan códigos insultantes con un afán de dominación, y pocas veces nos damos cuenta.

El etólogo Desmond Morris en su libro “El hombre al desnudo” (Círculo de Lectores) categoriza distintas señales insultantes identificables que van más allá de la geografía.

Más información | La comunicación no verbal

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