La comunicación perfecta

Las cosas que más claramente me diferencian y me individualizan respecto de los demás, que hacen que la comunicación de mi persona sea objeto de un conocimiento realmente único, son mis sentimientos o emociones.

 Daquella manera

Si deseo realmente que sepas quién soy yo, debo hablarte con el corazón tanto como con la cabeza. Mis ideas, opiniones y decisiones son absolutamente convencionales. Los sentimientos que subyacen a mis ideas, opiniones y convicciones son exclusivamente míos. Nadie experimenta mi mismo sentimiento de frustración, padece mis mismos miedos y siente mis mismas pasiones.

En este nivel de comunicación, son estos sentimientos los que debo compartir contigo si es que he de decirte quién soy yo realmente. La mayoría de nosotros tenemos la sensación de que los demás no van a soportar que comuniquemos con tanta sinceridad nuestras emociones.

Preferimos defender nuestra insinceridad argumentando que la sinceridad  podría dañar a otros; y como hemos racionalizado nuestra insinceridad haciéndola pasar por “nobleza”, nos conformamos con unas relaciones superficiales. Esto ocurre no sólo con personas a las que hemos conocido más o menos casualmente, sino también con miembros de nuestra propia familia, pudiendo incluso llegar a destruir la auténtica comunión dentro de la pareja.

Toda amistad profunda y auténtica y, en especial, la unión de quienes forman una pareja, debe basarse en una transparencia y una sinceridad absolutas. A veces, la comunicación desde el corazón resultará más difícil, pero es precisamente en esas ocasiones cuando es más necesaria. Entre amigos íntimos, o en la pareja, ha de darse de vez en cuando una comunión emocional y personal y absoluta.

Dada nuestra condición humana, ésta no puede ser una experiencia permanente. Sin embargo, puede y debe haber momentos en los que el encuentro alcance la comunicación perfecta. En esas ocasiones ambas personas experimentarán una empatía mutua casi perfecta: yo sé que mis reacciones son totalmente compartidas por la otra persona, y en ella se reduplica perfectamente mi felicidad o mi aflicción.

Imagen | Flickr (Autor: Daquellamanera)

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