Los límites y la educación de los niños

La cuestión de los límites en la educación de los hijos es un tema recurrente en la pareja, con otros padres y también resulta un tema convocante en instituciones educativas. A las reglas les llamamos límites, y si hay límites hay libertad. El límite es una guía, una señal que le muestra al niño hasta dónde puede llegar; esto le da seguridad y confianza en sí mismo, pues empieza a ordenar el mundo que lo rodea.

El fijar límites comienza con el nacimiento, cuando la madre establece hábitos con su bebé, cuando lo alimenta, lo baña, lo hace dormir. Hay que tener cuidado y no imponer un límite que no podamos sostener, eso es un arma de doble filo, siempre hay que pensar en algo que pueda ser mantenido.

Los límites deben ser claros y precisos, por ejemplo “vístete”, “cállate”, “no llores”. Deben ser breves, no hay que dar muchas explicaciones, pero deben tener coherencia y ser firmes. Uno no debe retroceder, no hay que cambiar sobre la marcha y menos cambiar según nuestro estado de ánimo, pues esos cambios son rápidamente percibidos y manejados por los niños; y además el niño debe saber la reacción que tendrán los padres ante determinadas conductas.
Debe existir un concenso entre los padres, tiene que haber un acuerdo previo antes de establecer un límite, las contradicciones son notorias y generan inseguridad dando lugar a conductas de manipulación cuandos se dan cuenta que uno de los adultos no comparte del todo la norma establecida.

Además de estas características, para que sean efectivos, los límites tienen que admitir cierta flexibilidad, para permitir que sean aplicados en distintas situaciones; es importante que permitan la negociación, donde cada uno pueda ofrecer cambios y cumplir con términos similares.

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