Madurez afectiva y relaciones sexuales

En la medida en que una persona logra su madurez ética, se hace capaz de elegir: puede comprometerse de veras en el intercambio sexual y afectivo. Optando por el abandono de sí, se descubre tal como es, a la vez que vive la experiencia de verse confirmado por aquella persona a quien ama. El abandono, vivido en el plano físico y afectivo, se convierte en el signo de un amor adulto: es objeto de elección.

En la medida en que la persona ya ha integrado los tres componentes esenciales de la experiencia de amar en su elección de vivir la experiencia amorosa, se ha hecho capaz de decirle a la persona de quien está enamorado: “quiero que seas mía”; “es contigo con quien me siento a gusto”; “me abandono a ti”. Todo eso se resume en una fórmula más grave, aunque no menos densa: “Te amo”.

Si alguno de los tres componentes descritos llegara a faltar por completo, no sólo ya no se podría decir: “te amo”, sino que cuantos intentos hiciera por vivir la experiencia de amar resultarían, probablemente, simples caricaturas del amor.

La persona enamorada traducía su experiencia de amar con las palabras “te amo”. Las palabras “te quiero” nos servirán ahora para identificar la experiencia de la amistad, que es otra forma de integrar los tres dinamismos del placer, el afecto y la elección, el segundo de los cuales aparece ahora como el más central, y lo describiremos con la expresión “me siento libre contigo”.

 Imagen: Flickr-Autor: chamz

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