Es cierto que hasta hace muy poco, la vida de los políticos tendía a ser privada, de tal forma que muchos medios de comunicación solían respetar la vida privada y las intimidades diversas de los mismos.

Pero desde hace apenas unos años, parece que la sociedad ha ido en continuo cambio de manera totalmente paulatina, y la propia opinión pública está ansiosa por conocer los aspectos más íntimos de la vida privada de los políticos.
En especial, si éste se ha visto inmerso en algún caso de corrupción, o en caso de que haya tenido algún… digamos desliz extramarital.
Uno de los casos más recientes que podemos encontrar en Estados Unidos es el del Gobernador de Carolina del Sur, aunque uno de los más sonados en los últimos tiempos fue el del Gobernador de Nueva York, Elliot Spitzer, al cual le acusaron de acudir asiduamente a los servicios de prostitutas.
Pero, ¿por qué una persona, una vez que llega al poder, tiende a este tipo de actitudes? ¿Por qué puede cometer delitos tales que los lleven a ser acusados de corrupción?
Psicología de la corrupción: los peligros del poder
Desde hace años, muchos psicólogos tratan de explicar que una vez que se encuentran en el poder, los políticos tienden a considerarse como intocables, llegando a pensar incluso (en algunos casos) que están muy por encima no solo de lo humano, sino de lo propiamente divino.
Tienden a desarrollar lo que se podría denominar como psicología de la corrupción, que se basa fundamentalmente no sólo en ese sentimiento de intocabilidad, sino de una marcada e intensa hipocresía.
Lástima que aún no sepamos que el poder corrompe… ¿o si?.
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Escrito por Christian Pérez
Publicado el día 28 jun, 2009
Fecha de última revisión 28 jun, 2009
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