Que la relación de amistad implica la confianza en verdad entre dos personas, no es nada nuevo. Nadie negaría que dos personas que se mienten, o que no son sinceras entre ellas, no se las puede considerar amigas, en el más estricto sentido del término.

Amistad

Sin embargo, en nombre de esa amistad, ¿se debe decir toda la verdad a la otra persona? Dicho de otra manera, ¿qué es primero, la amistad o la sinceridad? Evidentemente, la respuesta no es fácil, porque todos nos hemos visto confrontados a situaciones parecidas, alguna vez en nuestra vida. Y, al final, siempre nos hemos quedado con el amargo sentimiento de que, o bien no hemos sido francos con nuestro amigo, o le hemos hecho daño al decirle toda la verdad.

En realidad, se trata de un conflicto de valores, puesto que en la amistad, se dan por hecho estas dos realidades, como base fundamental que sostiene la relación. No obstante, ni la verdad, ni la sinceridad pueden estar por encima del amor, o la caridad. El problema surge cuando pensamos que más allá del afecto que une a dos personas, está el decirse siempre la verdad, a cualquier precio.

Esta falacia, conlleva no pocos problemas, puesto que la verdad forma parte de cualquier relación seria que el ser humano establece con sus semejantes. Sin embargo, los amigos se escogen en otro orden de realidades, donde el amor es la principal garantía de esa unidad.

La cuestión es muy simple, si decir toda la verdad en una amistad, implica el dolor físico o moral, mejor es abstenerse, siempre que lo que se oculte no vaya en detrimento de la propia relación. La verdad no necesita intermediarios, pero el amor pasa por mediaciones como el respeto, el tiempo, o la madurez, que posponen u ocultan la verdad hasta que deje de hacer daño.

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12 comentarios a este artículo
  1. tengo un amigo que es muy mandón , caprichoso y maniático, y si no vamos por donde el dice vuelve la tortilla y el pobre y víctima es él; al final siempre cedemos: Hasta ahora le he aguantado pero un dia dijo algo que me dolió demasiado por la carga de egoismo que ese comentario llevaba, le llamé la atención sobre ello, respondiéndome en la misma linea, a lo que ya no pude más y le dije” egoista, caprichoso que no pensaba en nadie y encima haciéndose la víctima para conseguir que aceptáramos su voluntad;” yo elevé demasiado el tono, pero lo que le dije fue la pura verdad que él no la ha aceptado y se ha sentido ofendidísimo, al desperdirme le di dos besos y le dije: lo siento. Despues de unos dias habló mi marido por teléfono con el diciéndole que la situación se nos había ido de las manos y que los cuatro teniamos que pedirnos perdón; pues nada sigue en sus trece haciéndose la víctima. Me tenia que haber callado? que más puedo hacer? -la paciencia tiene un límite y yo exploté-

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